Publicado El:Saturday, June 4, 2011
Posteado Por MisterDj1
Costa Rica combate el flagelo de los cárteles de droga
Los narcos que llegan a Costa Rica proceden sobre todo de México, aunque hasta hace unos años eran originarios de Colombia. Las organizaciones ilícitas mexicanas han ingresado al país centroamericano, especialmente el cártel de Sinaloa, disputándole terreno a los narcotraficantes colombianos.En medio de ese fuego cruzado, vecinos de un barrio de la capital San José salieron a la calle para protestar contra la llegada de dos supuestos narcos mexicanos acusados de traficar 177 kilos de cocaína a Guatemala y a México. Debían cumplir en una casa del vecindario el arresto domiciliario decretado por la Justicia, pero los vecinos protestaron frente a la vivienda donde iban a residir los mexicanos, bloquearon calles y algunos de ellos se encadenaron a los portones de la casa en donde los dos mexicanos debían ingresar.
Al no tener Ejército, el Estado que representa Laura Chinchilla es consciente de que sólo cuenta con la policía para hacer frente a las organizaciones ilícitas que cruzan la frontera para expandir sus negocios. "Nos preocupa que vengan grupos de México a imponerse con violencia como lo han hecho en México o Guatemala, y sabemos que la capacidad de respuesta de nosotros sería muy deficitaria, probablemente", dijo a la BBC el fiscal de Narcotráfico de Costa Rica Álvaro Montoya.
Acostumbrada a vivir pacíficamente, Costa Rica intenta que el Estado esté presente en todas las zonas para que los cárteles no remplacen su autoridad. En un país donde el 21% de la población es pobre (40% en áreas rurales), la población es más vulnerable a organizaciones delictivas que intentan comprar su respaldo o vender protección como si fueran grupos benefactores.
Desde 2004 ha ido in crescendo el número de narcotraficantes mexicanos que preparan el traslado de droga en Costa Rica o que bien crean empresas fantasma para colar el dinero de narcotráfico. A su vez aumentó la cifra de homicidios violentos que han aparecido en los barrios más pobres de la capital costarricense, en localidades fronterizas y en las carreteras que conducen a la costa.











